Este verano una nueva moda ha llegado a las playas españolas. Mientras arrecia la crisis y se extiende la gripe A los veraneantes lucen en su moreno y desnudo toro los rosarios cuyas cuentas jamás se detienen a meditar.
Después de la reciente fobia a los símbolos cristianos y a los mismos católicos que purgó de crucifijos y de cualquier otro rastro de religiosidad al ámbito público de la sociedad; me parece inquietante la forma que tiene el vulgo de lucir a modo decorativo tan insigne símbolo.
No puedo negar que esto es para mi un verdadero misterio. No termino de comprender cómo yo, como católico, tengo que tomarme esto después de llamarme fundamentalista, después de retirar todos mis símbolos de las aulas, después de que mis argumentos sean silenciados o ni siquiera escuchados. Después de apartarme a mi y a mi Dios de la sociedad viene el payaso de turno con el rosario de mi Madre colgando al cuello. La verdad no se cómo interpretarlo, pero lo primero que me viene a la cabeza es que se están riendo de mi.
Por otro lado todo puede deberse a un acto, no de maldad, sino de una estupidez sin par. Es posible que el individuo en cuestión no termine de comprender la grandeza de nuestras creencias y el profundo significado del rosario. Esto puedo incluso comprenderlo a pesar de la frivolidad con la que lo tratan.
Lo que si que no puedo entender es la incoherencia de esta gente, que después de emprender una autentica cruzada contra cualquier vestigio de cristiandad, religiosidad e incluso espiritualidad tanto en el ámbito público como en las conciencias de la gente se paseen por las playas y lugares veraneo con el rosario colgando de su pérfido cuello.
Ya me perdonareis pero yo sólo lo puedo interpretar o como una gran maldad o como una estupidez con la que Darwin disfrutaría.